¿El ABA es realmente “adiestramiento canino para niños”? La opinión de una entrenadora de perros profesional (The Aspergian)

Original: Is ABA Really “Dog Training for Children”? A Professional Dog Trainer Weighs In.

Por: Carol Millman

Aviso de contenido: ABA, terapias conductistas, mención de abusos a humanos y a animales.

Los terapeutas de ABA suelen abordarme para charlar cuando se enteran de que entreno perros.
—¡Yo uso los mismos principios en mi trabajo! —me dicen entusiasmados— Es puro condicionamiento operante, ¿verdad?
—Bueno —respondo—, en buena parte.
Me encanta el condicionamiento operante, y como adiestradora canina he cimentado mi carrera sobre él.
Soy licenciada de ciencias en psicología y aproveché todos los cursos de modificación de la conducta que mi facultad ofrecía. Lo utilizo diariamente cuando entreno a perros de asistencia.
Así que podrán imaginar que cuando oí sobre el ABA, me llamó la atención. Comencé a leer páginas web sobre el ABA, sus principios y sus objetivos. Cuanto más profundicé en el ABA, más me vi expuesta a la polémica a su alrededor. Mientras los padres de los niños que han recibido ABA alaban sus bondades y la describen como la terapia que salvó a su hijo, la comunidad de autistas adultos parecen conservar otras impresiones.
Descubrí que los autistas adultos la consideran abusiva, y que muchos que la vivieron de niños afirman haber acabado sintiéndose con daños emocionales.
Algunos estudios preliminares llegan a sugerir que los adultos que recibieron ABA en su infancia se encuentran en un riesgo mayor de suicidio y TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático).
Y en demasiadas ocasiones en Twitter, he visto a la gente llamar al ABA “adiestramiento canino para niños”.
Cuando veo eso, suelo intervenir en esas discusiones de Twitter, porque con todo lo que he leído y visto, NO es “adiestramiento canino para niños”.

…Yo jamás trataría a un perro así.

¿Qué es el ABA?
Dejaré que sus propios defensores lo expliquen:

Autism Speaks dice:

La terapia ABA es consistente con nuestro concepto de cómo funciona el comportamiento en situaciones reales. Su objetivo es fomentar conductas funcionales y suprimir conductas dañinas o que afectan al aprendizaje.

Autism Canada dice:

El Análisis Conductual es la ciencia del comportamiento. El análisis conductual aplicado (ABA) es el proceso mediante el cual se aplican intervenciones sistemáticas basadas en los principios de la teoría del aprendizaje, para mejorar comportamientos socialmente significantes en un grado considerable.
El planteamiento del Análisis Conductual Aplicado (ABA) enseña comportamientos sociales, motores y verbales, así como habilidades de razonamiento. El tratamiento ABA es especialmente útil para enseñar conductas a niños con autismo que en otras circunstancias no las asimilarían por su propia cuenta, como otros niños.

AppliedBehaviourAnalysisEdu.org dice:

El Análisis Conductual Aplicado (ABA) es la práctica de aplicar los principios psicológicos de la teoría del aprendizaje en un método sistemático para alterar el comportamiento de humanos o animales. Esta práctica es empleada extensamente en educación, cuidados sanitarios, adiestramiento animal y gestión de negocios; y especialmente prominente en el tratamiento del Trastorno del Espectro Autista (TEA), siendo una de las únicas terapias científicamente válidas a nuestra disposición.

A primera vista, varias cosas de estas descripciones me parecieron sospechosas.
La primera de todas, que ninguna de ellas —o en ninguna de las informaciones que había encontrado sobre esta disciplina— hacían ninguna referencia a las emociones o al bienestar de la persona autista.
Todo se centra en incrementar ciertos comportamientos y atenuar otros, como si el receptor fuera un objeto pasivo.
Los adiestradores caninos no hablamos de alterar sistemáticamente conductas como si los perros no fueran unos seres con pensamientos, sentimientos y sensaciones

Miren a Karen Pryor, que renovó el mundo del adiestramiento canino al presentar el conductismo al gran público. Si alguna vez oyeron hablar del “clicker training”, pueden agradecérselo a Karen Pryor.

El entrenamiento con clicker es un método de adiestramiento animal que se basa en remarcar los comportamientos deseables y corresponderlos con una recompensa. Usualmente, las conductas deseadas se remarcan utilizando un clicker: un artilugio mecánico que hace sonar un ruido de “click” breve y distintivo, que le indica al animal el momento exacto en el que están haciendo lo adecuado. Esta forma de comunicación clara, combinada con refuerzos positivos, es un método efectivo, seguro y humano de enseñar a cualquier animal cualquier comportamiento que sea capaz de hacer física y mentalmente.

Este es un modo bastante científico de describir el adiestramiento canino, ¿verdad? Se parece mucho a la descripción del ABA.
Pero dense cuenta de esta diferencia: esta descripción usa palabras como comunicación, seguro, y humano.
Incluso en esta concisa descripción del condicionamiento operante en su uso en perros, se toma en cuenta la punto de vista del perro —“le indica al animal el momento exacto en el que están haciendo lo adecuado”—, así como su bienestar físico y emocional.
Esa es una gran diferencia. El lenguaje de las investigaciones del ABA y sus documentos guía me resultó excesivamente clínico y distante, sobre todo considerando que no estaban hablando de animales, sino de niños humanos.

El Análisis Conductual no es adiestramiento canino

Como entrenadora de perros, lo que también me llamó la atención cuando empecé a aprender del ABA fueron las flagrantemente falsas afirmaciones de que el ABA se emplea en animales.
Eso no es verdad. Tengo una licenciatura en psicología del comportamiento y en la universidad jamás escuché el término “análisis conductual”.
Si buscan en google “análisis conductual,” solamente encontrará sitios web referidos al autismo y a la discapacidad intelectual. Simplemente, no existe más allá de los dominios del ABA. Así que sus afirmaciones de que tomaron una ciencia que ya existía y la aplicaron al autismo es extremadamente engañosa.
Lo que está claro es que el ABA emplea varios aspectos del conductismo radical de B.F. Skinner y que esto es a lo que se refieren cuando dicen “análisis conductual.”
No sólo resulta reconocible a cualquier persona familiarizada con ello, sino que además ustedes mismos pueden confirmar la conexión buscando el término conductismo radical. Todos los resultados les parecerán los cimientos del ABA.
El fundador del ABA tal y como existe todavía, Ivar Lovaas, también padre de la terapia de conversión para homosexuales, extrajo los principios de sus terapias del conductismo radical.

¿Qué es el conductismo radical?

Es difícil explicarlo en pocas palabras, ya que la respuesta misma provoca muchísimas discusiones sobre minucias entre los propios conductistas; pero el quid de la cuestión sería que el conductismo radical cree que todo lo que hacemos es conducta.

  • Los pensamientos son conductas.
  • Las emociones son conductas.
  • Todo ello puede ser modificado o alterado a través de recompensas y castigos como consecuencias.

Para los psicólogos modernos, el conductismo radical está anticuado.

Aunque sus principios funcionan de hecho, y se han mantenido en investigaciones experimentales, la ciencia cognitiva se ha encontrado con ciertas cosas que no pueden explicar.
Por ejemplo, el lenguaje.
B.F. Skinner trató de explicar el lenguaje a través del conductismo, pero hay demasiados aspectos psicolingüísticos que, francamente, no se pueden explicar con este método.
Hay cosas que van más allá del premio y el castigo. Como la empatía. El lenguaje creativo. La narrativa. La música.
Así que básicamente, los profesionales de la psicología suelen creer que el conductismo radical es una teoría simplista y restrictiva que, aunque útil en situaciones puntuales, no puede abarcar la experiencia humana. Ni siquiera responde satisfactoriamente ciertas cuestiones sobre conductas observadas en animales.
Puedo entender por qué los analistas del comportamiento aplicado decidieron rebautizarlo como “análisis conductual,” pero aunque la mona se vista de seda, sigue siendo conductismo radical.
Sea como sea, casi ningún entrenador de perros usa el conductismo radical que emplea el ABA.
La mayoría de los adiestradores caninos que conozco investigan y combinan el conductismo con otras ciencias cognitivas y métodos para crear un planteamiento más holístico a la hora de entrenar a sus perros. Esto se debe a que los adiestradores caninos comprendemos los límites del conductismo respecto a los cánidos, ya que tiene que aplicarse a todos los perros.
Uno esperaría que aquel que se plantea usar el conductismo radical en un ser humano también debería reconocer tales límites.
De tal modo, si no es suficiente para entrenar adecuadamente a un perro, ¿es suficiente para educar a un niño? Echemos un vistazo al ABA y la tasa de éxito de que tanto alardean sus partidarios.

¿El conductismo radical funciona? ¿Cómo se mide el éxito?

El ABA es bueno para lograr aquello que promete cumplir. Muchos estudios lo demuestran, y los practicantes del ABA los suelen señalar. No me sorprende. Los principios del conductismo radical son vistosos y bien probados. Se puede usar para cambiar el comportamiento de un organismo.
Pero, ¿deberías?
Los adiestradores de perros dedican mucho tiempo a discutir si cambiar la conducta de los pupilos caninos es moral o ético.
No sólo discuten sobre qué comportamientos deberían enseñarles y cuáles no, sino también qué métodos son éticos y cuáles no.
¿Los practicantes del ABA hacen lo mismo por los niños a su cuidado?
¿Sus objetivos se corresponde con los mejores intereses del niño?
¿Sus métodos para conseguir tales objetivos son humanos y respetuosos con la salud mental y emocional del niño?
Autism Speaks dice que el ABA ayuda:

  • A aumentar el lenguaje y las habilidades comunicativas.
  • A mejorar la atención, la concentración, las habilidades sociales, la memoria y los resultados académicos.
  • A suprimir conductas problemáticas.

Autism Ontario dice que:

Un programa ABA debería atender las características esenciales y del TEA (habilidades sociales, comunicación, pautas repetitivas de comportamiento, etc), así como cualquier barrera al aprendizaje (conductas desafiantes, estereotipias, etc).

Lo que más me impresionó de estas listas fue su superficialidad. ¿Solamente están enseñando comportamientos?
No dicen nada de mejorar la calidad de vida del niño, de aliviar su ansiedad, o de ayudarle a gestionar su sensibilidad sensorial.
El ABA se centra en moldear a un niño autista para que se comporte más parecido a un niño no autista, hasta el punto de que acabe jugando como lo haría un niño no autista.
Francamente, son unos objetivos bastante raros.
En ninguno de sus objetivos está mejorar la vida del niño.
Supongo que para algunos eso será redundante. Parece que la gente piense que si actúas normal, también te sentirás normal. Pero las personas no funcionan así. Ni siquiera los perros funcionan así.

El problema del condicionamiento operante en el adiestramiento canino.

En mi gremio, puedes usar recompensas y castigos para que un perro deje de morder a otro perro cuando lo vea pasar, o deje de morder a un humano cuando lo toque. De hecho, César Millán lo hace en la TV con bastante aplomo.
Si bien habla de tonterías de dominancia refutadas por la ciencia, lo que él está usando en realidad es condicionamiento operativo, el mismo aspecto del conductismo que emplean los terapeutas ABA. Cuando castiga “comportamientos problemáticos”, César consigue que los perros dejen de gruñir o atacar.
Para los espectadores es como magia.
Pero para adiestradores certificados como yo, es como pintar encima de la madera podrida. Peor aún. Es como enterrar una mina.
Todos sabemos que podemos sentir enojo sin expresarlo. Que podemos sonreír mientras por dentro estamos llorando. Puedes hacer que alguien deje de expresar una emoción, pero la emoción no desaparecerá.
Los adiestradores creemos que un perro que haya sido entrenado para no gruñir es una “bomba de relojería”.
Cada vez que lees sobre un perro que empezó a atacar “sin razón aparente” y “sin avisar”, es porque usaron con él este tipo de método para manejar “comportamientos problemáticos.”
Los estudios muestran que los perros adiestrados con estos métodos tienen en realidad un índice mayor de agresiones, porque al castigar una conducta agresiva no tratamos el miedo y la ansiedad subyacente que causó la agresión en primer lugar.
Un entrenador de perros certificado ayuda al perro a superar su miedo, y para ello no recurre al condicionamiento operativo.
Traten los problemas subyacentes antes de abordar cualquier conducta
Antes de recurrir al condicionamiento operante, un adiestrador canino debe asegurarse de que el perro tiene todas sus necesidades fundamentales cubiertas.
Los perros necesitan correr. Los perros necesitan cavar. Los perros necesitan perseguir algo. Los perros necesitan mordisquear cosas. Los perros necesitan jugar con otros perros. Estas necesidades fundamentales no pueden ser extraídas de la mente de un perro, y si no son satisfechas pueden manifestarse como “comportamientos problemáticos”.
Si un perro está asustado o tiene miedo, intentamos que tenga experiencias positivas con las cosas que le atemorizan. Parece contraintuitivo aprender que si das de comer a un perro que gruñe, detendrá su gruñido, pero así es. Cuando desaparece el miedo, desaparece la agresión. Y sin condicionamiento operante.
Hay muchas veces que un dueño quiere que entrene a su perro para que deje de hacer cierto comportamiento; y yo me niego, ya sea porque tal comportamiento nace del miedo o porque el objetivo del dueño no es ético o razonable.
Antes de adiestrar a un perro, necesitas aceptar que es un perro.
Sí, estaré encantada de usar el condicionamiento operante para enseñar a tu perro a que te reciba adecuadamente en la puerta, o a que empuje tu silla de ruedas (igualmente les gusta), o que a la hora de cenar se quede acostado tranquilo.
Pero cuando la gente me pide que entrene a sus retreivers para que no agarren cosas con la boca, o para que su terrier deje de escarbar, o para que su cachorrito les deje de lamer, me tengo que sentar con ellos y hablarles un rato acerca del hecho de que lo que tienen es un perro.
¿Podría entrenar a un retriever para que no agarre cosas? Sí. Sería muy rápido, con un collar de descargas eléctricas.
Pero no lo pienso hacer.
El hecho es que compraste un retriever y lo que le gusta es llevar cosas con la boca. Compraste un terrier y le encanta cavar. Compraste un cachorrito y le apasiona jugar.

En lugar de entrenar a los perros para que no muestren su miedo, alivia su miedo. Enseña a tu retriever a agarrar cosas y cómprale un cajón de tierra a tu terrier, en vez de forzar a tu perro a ignorar sus instintos fundamentales.
No sólo es más fácil. También es más bondadoso.

¿Cómo ignora el ABA las necesidades fundamentales de los niños?

Una de las razones por la que los padres y los profesionales del ABA se enfurecen tanto cuando los adultos autistas dicen que el ABA es abusivo es lo mucho que les importa. De veras quieren mejorar las vidas de estos niños. Y sin embargo, la vasta mayoría de la gente autista (tipicamente el 97%) se opone al ABA en las encuestas; especialmente aquellos que pasaron por él de niños.
¿A qué se debe tal disparidad?
En parte, tiene que ver con el avance en la percepción social del autismo. La gente no autista cree que la “normalidad” es una necesidad esencial; y en efecto, uno de los objetivos proclamados del ABA es hacer al niño autista “indistinguible de sus semejantes [neurotípicos]”.
Piensan que un niño que se integra en la multitud es un niño feliz.
Cuando los padres ven a su hijo manifestando comportamientos inusuales, como aletear o ignorar a otros niños, ven a un niño enfermo o dañado.
Cuando ven a un niño hablando, trabajando bien en su pupitre, y jugando con otros niños, ven a un niño curado. Ayudado. Salvado.
Si tan sólo escucharan a los autistas adultos que tratan de decirles que no necesariamente tienen razón. Que en realidad, una persona autista no tiene porqué mostrar su felicidad igual que los neurotípicos.
Saber cómo apilar bloques o cómo suprimir modos esenciales de regularse y expresarse (como los aleteos) no vuelve a una persona autista “más feliz”. de hecho, muchas veces los hace más miserables.
Cuando eres autista, hablar puede ser agotador. Incluso cuando eres tan extremadamente verbal como yo —de niña, los adultos alababan mi precoz vocabulario, y más de una dijeron que hablaba tanto como una cotorra—, la comunicación oral cansa. Puede que mi caudal de palabras sea mayor que el de muchos otros autistas, pero no es infinito. Por consiguiente, un niño autista que haya estado jugando todo el día sin hablar demasiado estará más descansado y feliz que otro que haya tenido que hablar como una metralleta.

Un niño a quien hayan facilitado medios de comunicación alternativa y aumentativa o similares se sentirá más cómodo y regulado que otro a quien hayan exigido hablar en voz alta… asumiendo que sean capaces de cumplir tal demanda.
Un niño autista que dé giros o saltos está probablemente haciendo stimming o autorregulándose a través del movimiento. Son modos de permanecer tranquilos.
Del mismo modo, los aleteos y la ecolalia (repetir palabras o frases), son expresiones y juegan un importante papel en el desarrollo. El habla ecolálica ayuda a los autistas, muchos de los cuales procesan el lenguaje en una parte distinta del cerebro, donde entienden el significado de las palabras escuchadas.
Sí, el ABA busca “que se extingan” estas cosas.
Un buen adiestrador canino no trata de suprimir los comportamientos que facilitan la salud mental y la felicidad del perro. Pero puede que un practicante del ABA no se lo piense dos veces antes de hacerlo con un niño humano.
En mi campo, cuando a un perro le encanta jugar a tirar de la cuerda, no lo condiciono para que juegue menos. Juego con él más e incorporo rutinas de obediencia para que aprenda a sentarse y quedarse quieto. Y si a un perro le cuesta quedarse sentado y quieto, yo lo interpreto como una señal de que el perro se necesita mover. Algunos perros no están hechos para quedarse parados. Algunos perros tienen que emplear su agilidad en juegos de saltos y pelota, y no echarse en el sofá todo el día.
En ocasiones debo decirle a un dueño que la personalidad de su perro no casa con lo que él trataba de conseguir.
¿Lo podría conseguir? Sí.
Yo podría echar mano de premios/castigos y usar una combinación de indefensión aprendida y refuerzos positivos. Podría cambiar a ese perro. Podría aniquilar su espíritu. Podría destruir su habilidad de responder a sus propias emociones.
Pero no lo pienso hacer. Porque esos métodos echarían por tierra el Código Ético que juré cuando solicité mi certificado al Consejo de Certificación de Adiestradores Caninos Profesionales; todo aquello que recomienda cada asociación de veterinarios; los estándares de la Sociedad por la Prevención de la Crueldad Animal.
Ciertos objetivos no valen la pena.
…Pero resulta que el Comité de Certificación de Analistas Conductuales no contempla tales principios.

Códigos Éticos: Adiestramiento Canino contra ABA

Como todo grupo certificador, the Comité de Certificación de Analistas Conductuales [Behavior Analyst Certification Board] posee un código profesional de prácticas éticas al que se deben atener para permanecer su reputación.
Pueden leerlas aquí.
Quedé asombrada al leerlo, porque aunque enumera en gran detalle lo que los poseedores del certificado pueden hacer en el ámbito mercantil, además de contener prolijas guías sobre qué declarar a los medios de comunicación, prácticamente no se indica nada sobre el bienestar de los receptores de la terapia.
Al contrario, el Consejo de Certificación de Adiestradores Caninos Profesionales [Certification Council of Professional Dog Trainers (CCPDT)], dedica casi la integridad de sus códigos de conducta a decirte qué, cuándo y cómo puedes interactuar con los animales. Si bien también cubre prácticas éticas de negocio, su primera preocupación es el bienestar de nuestro “alumno”.
Antes que nada, nuestro CCPDT dedica toda una política a especificar detalladamente qué tipo de métodos aceptan y cuáles no. Dicha política se llama “La Menos Intrusiva, la Mínimamente Aversiva [Least Intrusive Minimally Aversive]” y nuestro código ético se refiere a ella por su acrónimo, MIMA [LIMA].
Esta política también trata la “Jerarquía Humana” que guía acerca de con qué métodos empezar (asegurar necesidades físicas y emocionales básicas, a continuación rediseñar el entorno para dejar de perpetuar antecedentes, luego emplear refuerzo positivo, después refuerzos diferenciales de conductas alternativas, etc) y qué métodos serían aceptables exclusivamente como último recurso.
El Código Ético del CCPDT suele citar frecuentemente esta política, que forma la columna vertebral de la mismísima estructura del consejo.
Dicho esto, si alguien aplicase el código ético de los adiestradores de perros al trabajar con un niño autista, primero se aseguraría de que el niño tiene cubiertas sus necesidades básicas. Si pareciera que el niño necesita actividad física o tiempo para jugar, recomendaría empezar por ahí.
Si eso no diera resultados visibles, prestaría atención a qué situaciones impactan al niño, como los lugares públicos ruidosos. Siguiendo la ética del adiestrador canino, recomendaría a continuación reducir su exposición a esos lugares, o proveer al niño de aislantes acústicos y gafas de sol, o una exposición más moderada basándonos en las respuestas del niño.
Ni siquiera considerarías otros métodos hasta haber comprobado que estos primeros no dan resultado. Por ejemplo, el contra-condicionamiento o la desensibilización sólo sería una opción en caso de que no pudieras apartar al niño de la situación, y si los protectores de ruido y demás no demostrasen utilidad.
Ciertamente, no privarías al niño de su tiempo de juego más allá del mínimo necesitado por cualquier niño neurotípico, pues eso violaría uno de los primeros puntos de la Jerarquía Humana.
Esta guía paso a paso provista en el Código Ético del CCPDT se diseñó para asegurar que primero las necesidades físicas y emocionales de los perros están satisfechas, y sobre todo para proporcionar a sus miembros una guía clara de un adiestramiento conductual aceptable.

El bienestar de los humanos, el bienestar de los perros

El Comité de Certificación de Analistas Conductuales [Behaviour Analyst Certification Board (BACB)] no da importancia en sus políticas o guías al bienestar de los niños.
De hecho, en todo el código ético de la BACB, un documento de 24 páginas, sólo hay una pequeña sección referida al programa de modificación del comportamiento, y en buena parte trata de cómo documentar el plan.
Me parece interesante que este documento use la palabra “cliente” para referirse sin distinción a quien va a aprender y a quien paga por ello (padres o tutores), lo que significa que al hablar del “consentimiento del cliente” no se está especificando si importa el consenso del sujeto sometido a terapia.
Según el modo en que está escrito, el sujeto podría negarse a dar su consentimiento y el analista no rompería su código ético mientras sus empleadores sí aceptasen, independientemente a la edad, habilidad intelectual o capacidad comunicativa del receptor.
El bienestar del receptor sólo se llega a mencionar en tres subsecciones del código ético profesional del BACB:

  1. Subsección 4.08:antepone los procedimientos de refuerzo por encima de los castigos.
  2. Subsección 4.09: ordena el uso de los procedimientos menos restrictivos posibles. Sin embargo, esto no significa nada, ya que no se define qué consideran restrictivo, ni provee una guía clara sobre ello.
  3. Subsección 4.10: advierte acerca de refuerzos dañinos que podrían perjudicar la salud del cliente (se supone que el receptor, no los padres).

Ninguna de esas tres subsecciones dan la seguridad de que los procedimientos serán humanos, por más de una razón.
Primero: en el conductismo, “refuerzo” y “castigo” no significan “bueno” y “malo”.
Por ejemplo, cuando solía entrenar perros de asistencia, algunos de los adiestradores de mayor edad seguían usando el método anticuado y ya desrecomendado de enseñar al perro a recoger cosas con la boca: mientras sujetaban una mancuerna, apretaban con las uñas la punta sensible de la oreja del perro hasta que el perro chillaba. En cuanto el perro agarraba la mancuerna con la boca, dejaban de pellizcarle la oreja.
Me he negado a usar esta técnica, y si ahora lo hiciera, me expulsarían del consejo. Sin embargo —y es importante entender esto—, consta como “técnica de refuerzo”.
El perro recibe una recompensa al agarrar la mancuerna, porque el dolor cesa. Ello lo convierte en refuerzo.
Si el CCPDT usase el código ético del BACB, yo podría usar ese método sin romper mi código de código de conducta.
El BACB no dice nada sobre infligir dolor. No hay nada en su código ético que diga que no puedas usar electroshocks. De hecho, no dice nada de qué tipo de “aversivos” son aceptables.

4.08 – Los analistas conductuales se asegurarán de que los procedimientos aversivos son acompañados con un mayor nivel de entrenamiento y supervisión. Los analistas conductuales deberán evaluar la eficiencia de los procedimientos aversivos de forma oportuna y modificar el programa de modificación del comportamiento si resulta ineficaz. Los analistas conductuales siempre incluirán un plan de suspensión de los procedimientos aversivos.

En teoría, siempre que los procedimientos aversivos sean eficaces y se acompañen de entrenamiento y supervisión, el modelo ABA te permite hacer cualquier cosa.
De hecho, en el documento de 24 páginas que detalla prácticas éticas para trabajar con seres humanos, incluyendo niños y adultos discapacitados, la palabra “abuso” se emplea cero veces.
La palabra “humano” se emplea cero veces.
La palabra “positivo” se emplea cero veces.
Todo esto a pesar de que utilizar el conductismo en un ser humano —especialmente un niño— roza fácilmente los límites del abuso físico y emocional. Por ejemplo, el Ontario Association of Children’s Aid Societies define el abuso emocional como:

… demandas excesivas, agresivas o no razonables en las que las expectativas sobre un niño están más allá de su capacidad. El abuso emocional incluye la crítica constante, las provocaciones, las humillaciones, los insultos, el rechazo, el hacer el vacío o el aislamiento del niño.

Y sin embargo, el BACB no advierte sobre ello o establece unos criterios en contra del uso de hacerle el vacío a un niño para castigarlo —estrategia comúnmente recomendada en el ABA—. El BACB no persuade en contra de pedir a un niño que se esté quieto o que trabaje más allá de la capacidad esperada y recomendada para un niño de su edad.
En otras palabras, el BACB considera que prácticamente cualquier cosa es aceptable mientras esté dentro de la ley y quede bien documentado.
No lo puedo comprender.

Los derechos de todos los seres vivos

Todos los seres sensibles merecen tener cubiertas sus necesidades y disfrutar sus vidas. Deberían poder ser ellos mismos y ser queridos por ello. Todos los seres sensibles deberían ser tratados con bondad y respeto.
Los entrenamientos caninos modernos basan sus prácticas en las recomendaciones de muchos grupos a favor del bienestar de los animales, y priorizan las necesidades y el bienestar emocional de los perros.
No me parece que el ABA se centre en las necesidades emocionales de los niños autistas. Tampoco creo que incorpore las recomendaciones de los psicólogos infantiles acerca de sus necesidades básicas, como el amor incondicional, la necesidad de jugar, o el derecho a decir no.
Demasiadas veces, en las discusiones sobre autismo las necesidades emocionales de los niños se dejan a un lado. Esto debería ser una conmoción para cualquiera que comprenda la infancia, la conducta, o cómo nos afectan las emociones y las relaciones.
Los expertos tampoco escuchan a las personas del espectro hablar de sus emociones autistas, que aunque puedan ser diferentes de las de los neurotípicos, siguen siendo dignas de respeto.
Los adiestradores caninos entienden que los perros necesitan mordisquear, ladrar y escarbar, pero los terapeutas ABA no comprenden que los niños autistas necesitan repetir palabras y frases, aletear con las manos, y balancearse en un rincón cuando las cosas se vuelven insoportables.
El ABA da por sentado que la clave para que los autistas sean felices está en cambiar sus comportamientos para que se parezcan más a los de los no autistas.
Se concentra en adiestrar a los niños a base de mantener como rehenes las cosas que les dan felicidad, para extorsionarlos y que así los niños apunten a metas que no necesariamente están en la misma dirección que su salud emocional.
Como ya dije…
Yo jamás trataría a un perro así.

Carol Millman B.Sc., RAHT, CPDT-KA, CTDI es una entrenadora de perros autista con siete años de educación post-secundaria y una década de experiencia práctica. Ella fue aprendiz como instructora en Pacific Assistance Dogs Society en Burnaby, BC, y ahora entrena perros de manera privado. Se especializa en entrenamiento de perros de asistencia para personas con una amplia gama de discapacidades visibles e invisibles.

[Descripción de la imagen: un humano en uniforme militar junto con un perro pastor alemán que salta a través de un obstáculo. Al fondo, cielo azul con pocas nubes blancas.]

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