Cuando estás en el Espectro Autista, el Consenso o consentimiento es Complicado (Lola Phoenix)

Aviso de contenido: lenguaje cisexista casual, temas de
consenso sexual y social, temas de abuso sexual (infantil),
físico y emocional.

Entrada original: When You’re On The Autistic Spectrum, Consent Is Complicated

Escrito por Lola Phoenix en: Theestablishment.co

*Nota sobre la traducción: se ha traducido de “consenso” en lugar de “consentimiento” porque cuando se habla de consentimiento se establece que un sujeto es pasivo y otro que propone algo es activo, de forma que de entrada hay una diferencia de poder. En lugar de eso se usa “consenso” porque implica llegar a un acuerdo sin establecer sujetos pasivos/activos

*Traducen: Alistas bajo cuerda y Ad libitum


El año pasado “Safe Kids, Thriving Families—a child abuse protection charity” promovió una campaña animando a les tutores a no obligar a sus hijes a besar o abrazar a les adultes.. La organización benéfica posteó en facebook:

“Antes que nada aclaramos que nos encantan los besos y los abrazos. Sin embargo estamos en contra de forzar a les niñes a besar y abrazar. Somos una organización benéfica de protección contra el abuso infantil que trabaja con víctimas de este y familares y una de las cosas que tenemos establecidas en nuestra área de trabajo para proteger a nuestres niñes es cambiar nuestra actitudes culturales hacia el consenso y la autonomía corporal.”

Puede sonar absurdo inicialmente, pero me he preguntado si podríamos hacer una campaña similar de adultes para adultes. Como alguien en el espectro autista, mi vida está constantemente plagada de momentos en los que mi consenso no se prioriza y mis límites personales son considerados demasiado dudosos. La ironía es que yo soy a quien describen como obstinade e inflexible por lo que yo tengo que organizar mi vida en torno a las rígidas normas sociales creadas por alistas. Todos los días tengo que tener mucho cuidado para evitar ofender a otres. Mantengo contacto visual, os doy la mano, mantengo una pequeña charla superficial para que se sienta mejor la gente alista. Mientras tanto mis límites son considerados poco importantes y demasiado “extraños” para ser tenidos en cuenta.

¿Como van a marcar las personas autistas sus propios límites en su consenso cuando pasan la mayoría de su vida siendo pisoteados, ignorados o ridiculizados?

Desde edades tempranas me tomé las cosas de forma muy literal y nunca disfruté rompiendo las reglas. La creciente ansiedad y demoledora culpabilidad nunca parecía compensarse con las recompensas prometidas. Me gustaba hacer lo que me decían. Y sobre todo siendo une niñe en el espectro autista que entendía algunas reglas básicas de la vida una de ellas era que les adultes siempre tenían razón y que siempre debían ser escuchados.

Mantengo contacto visual, os doy la mano, mantengo una pequeña charla superficial para que se sienta mejor la gente alista.

En retrospectiva, yo no puedo decir sí estar dispueste a seguir todas las reglas hacía más fácil que mi niñere abusara de mi sexualmente o si el abuso que sufrí entre los 3-9 años me hizo cumplir más aún las reglas. Tal vez creí que cumplir una correcta combinación de reglas podría protegerme de los agresores sexuales de les que yo incluso cuando era une niñe – que la sociedad leía como chica- sentía la responsabilidad de protegerme a mí misme.

Además de los abusos sexuales que experimenté, crecer como niñe discapacitade a menudo resaltó más que lo que ocurría en mi cuerpo no era algo que yo tenía bajo control; doctores, médiques y diferentes profesionales de la medicina tenían acceso total a mi cuerpo. Y aunque sus intenciones al quitarme la ropa eran diferentes de las personas que abusaron de mí sexualmente el mensaje de ambas experiencias estaba claro: desde temprana edad yo no sentía mi cuerpo como mío.

Por otra parte siempre tuve miedo a las repercusiones de decir “no”, ya que han habido diferentes situaciones en donde decir “no” simplemente no era seguro o nunca importaba.

Siendo ciegue en uno de mis ojos, mis tres hermanastres disfrutaban apuntando a mi “ojo bueno”, ya fuera con luces o tirando cosas hacia él. Decir que “no” nunca los detuvo solo conseguía deleitarles y animarles más. Yo crecí en un sitio donde decir que “no” a un padre no solo era inaudito si no que además era motivo de castigo. Más allá de esas normas culturales, mi famila era también abusiva de manual. Si el viento cerraba de golpe mi puerta de forma accidental yo solía abrirla inmediatamente y deshacerme en disculpas. Las muestras de contradicción no solo no eran bienvenidas si no que, teniendo como castigo más severo en mi infancia los azotes con el cinturón, eran también extremadamente inseguras.

En resumen si la represalia era física, emocional, mental o las tres, muchas veces el “no” no era una opción, ya fuese en términos de contacto visual, estrechar la mano o abrazar a la gente. No hacer estas cosas hace que les demás se sientan incómodes o que me excluyan directamente, lo que intensifica más aún mi ansiedad.

Esto me pasa incluso en los espacios donde el “consenso” es supuestamente “valorado”, donde se anima a preguntar antes de tocar. Usted pensará que en esos espacios es menos probable que las personas no respeten o presionen el consenso. Pero he descubierto que si a la gente se le anima a preguntarte antes de tocarte, te pedirán más abrazos y contacto con la presunción de que estarás de acuerdo debido a ese maravilloso “espacio seguro”, que incluso en un espacio sin reglas.

La regla de preguntar antes de tocar es como una luz verde para la gente que quiere tocar. En lugar de mantener la distancia la gente se ánima más al contacto, lo cual incluso hace el espacio inseguro para personas como yo. Por supuesto que puedo decir que “no” a alguien dentro de esos espacios y que es poco probable que se monte un alboroto. Pero “no” es más que una simple palabra, es una frase completa, es un derecho y un sentimiento que no estoy acostumbrade a tener sin ninguna repercusión. Es una negociación que no siempre tengo energía para mantener, y no necesito tanta en espacios donde la gente es menos propensa a pedirme abrazos.

La realidad es que -a pesar de los llamamientos a establecer límites inspirados por el autocuidado-, si realmente utilizara el poder del “no” en mi vida, las cosas no cambiarían positivamente. Probablemente no tendría relaciones exitosas en el trabajo. Podría que me pasase como en la escuela y me tomasen como una persona grosera y obscena y por lo tanto cualquier intercambio social sería mucho más hostil para mi. Además mi ansiedad se multiplicaría por diez.
Comprender qué significa “no” para mí se vuelve aún más complicado cuando me sumergo en las aguas turbias del consenso sexual, especialmente siendo una persona dentro del espectro asexual que ha sobrevivido a abuso sexual. Mis razones para querer tener sexo nunca se resumen a algo tan sencillo como un impulso o una necesidad biológica. En base a lo que la gente me explica que es “ponerse cachonde”, podría contar las veces que me he sentido realmente así con los dedos de una mano. La gran mayoría de mis deseos de afecto físico tienen poco que ver con la realidad física concreta del acto en sí; y están mucho más relacionados con todo lo que dicho acto representa.
Mis razones para querer sexo nunca son tan simples como un impulso o una necesidad sexual.

Debido a la intensidad con la que mi cerebro procesa mis sentidos, el contacto físico a menudo viene de la mano de mucha ansiedad e incomodidad. El tacto puede cambiar rápidamente de “agradable” a “abrumador”, y la expectativa de explicarle todo esto a une desconocide puede ser sobrecogedora.

Como une sobreviviente al abuso sexual infantil y alguien que no creció siendo tocade de forma afectuosa -a excepción, quizás, de por una persona- nunca comprendí realmente el valor del tacto. Como resultado, aprendí pronto a vivir sin ello. Por tanto el tacto casi siempre representa algo simbólico antes de que pueda relajarme en los aspectos físicos de ello.

Eso es definitivamente lo que sucede con los besos. Encuentro el acto físico en cuestión bizarro – tanto que a menudo acabo riéndome mientras estoy liándome con alguien. Es la representación de lo que significa besar lo que me resulta agradable – y lo mismo se aplica al sexo. Pero hay momentos en los que el tedio físico de los actos sexuales no es algo que esté deseando necesariamente. Dentro de ese tedio a veces va incluída toda la negociación del consenso.

¿Cómo doy un consenso entusiasta en tales casos? Siendo una persona asexual, aprecio el valor que el sexo puede añadir a mis relaciones – tanto como un acto físico como como una manera de estrechar lazos con alguien. Pero no me siento necesariamente entusiasmade al respecto. Para mí, ser entusiasta respecto al sexo y que se espere de mí que lo sea cada vez es algo así como si alguien esperase que estuvieras emocionade cada vez que prepararas crepes. Los crepes son deliciosos, ¿no? (a no ser que seas alérgique por cualquier razon). Pero eso no significa que vayas a estar entusiasmade todas y cada una de las veces que los preparas.
Con gente a la que conozco y en la que confío, me siento lo suficientemente capaz para, si doy mi consenso en algo que más tarde siento que no quiero hacer, decir “no” sin miedo. Pero esa confianza tiene que construirse con elles – y no es un trabajo fácil, porque “no” en mi vida nunca ha sido una frase completa. Y un “no” respetado sigue siendo un poder que no puedo ejercer en mi día a día.
Como una persona en el espectro autista, cada día tengo que negociar mis limites de consenso con el mundo, y cada día la idea de que mi “no” es despreciable es reforzada. Mi “no” no significa nada frente a las convenciones sociales que demandan que reproduzca físicamente comportamientos específicos para el confort de las personas alistas – entonces, ¿por qué esta dinámica no iba a extenderse también a los comportamientos sexuales? ¿Cómo puedo creer que en situaciones sexuales no estoy aceptando a determinadas cosas sólo para evitar la incomodidad y la tensión que acompaña a la vulnerabilidad? Especialmente cuando ser vulnerable en mi vida ha solido venir acompañado de alguien aprovechándose de esa vulnerabilidad.
Negociar todo esto cada día conmigo misme y con el mundo es agotador. Quizás sea por eso por lo que las situaciones sociales me dejan sintiéndome exhauste, especialmente con desconocides. No puedo bajar la guardia. Tengo que actuar continuamente. En un nivel fundamental, mi deseo de ser yo misme no está permitido sin una indebida cantidad de estrés en mi vida. Tengo que sacrificar una parte de mí misme por el progreso del todo en situaciones cotidianas. Y tengo miedo de que esa parte interior de mí que desea la “paz” de adherirse a reglas y órdenes me impedirá decir “no”, incluso cuando debería.

Hay días en los que deseo que el sexo no existiera. No sólo como une superviviente del abuso sexual, también como una persona asexual.
Hay días en los que me pregunto si ser alista significaría que podría ir a más fiestas y encuentros sociales, si tendría más amigues, si me sentiría diferente y si, de algún modo, eso modificaria la frecuencia de mi atracción.
Hay días en los que me pregunto, si se me hubiera introducido al mundo de la sexualidad en ese método torpe y precoz de la autoexploración y la diversión, ¿los matices sexuales me llenarían ahora con deseo en lugar de miedo?

Dentro de cualquier discusión sobre consenso siempre hay un “no” – e incluso estando lejos de la nube de tormenta que ensombreció mi mundo durante tanto tiempo, aún le temo al relámpago.
En un nivel fundamental, mi deseo de ser yo misme no es permitido sin una indebida cantidad de estrés en mi vida.

El motivo de compartir todo esto es potenciar un entendimiento más dinámico del consenso entusiasta. Es hacerle reflexionar a la gente sobre qué significan el consenso y el tacto para las personas discapacitadas que no tienen la opción del consenso, o que sienten que sus límites y acuerdos son continuamente ignorados o descartados, que tienen que sacrificar su autonomía física por su propia salud y supervivencia.
Tambien quiero que la gente reflexione sobre cómo vivir con estas dinámicas puede tener un impacto en tantas otras cosas en la vida. Cuando aquelles de nosotres que hemos sentido una reacción violenta a nuestros “nos” decímos sí para apaciguar a les otres, se genera un efecto dominó que afecta a cada área de nuestra vida.

 

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